Verónica Ramos: “Si nos dan adaptaciones, las personas con discapacidad podemos estudiar”
En la imagen vemos libros de diferentes colores

Verónica Ramos es una joven de 28 años que recientemente ha logrado incorporarse a una escuela luego de años de discriminación sistemática por parte del sector educativo y de salud. Ella tiene parálisis cerebral y muchos centros educativos utilizaron su discapacidad como excusa para cerrarle las puertas. En esta entrevista conversamos sobre las barreras que ha tenido que afrontar en su búsqueda por encontrar un colegio que apueste por la inclusión.

 

¿Cómo ha sido tu experiencia buscando colegios?

Cuando tenía seis años más o menos, estuve en un colegio de la básica regular cerca de mi casa. Terminé primer grado de primaria, y en el momento que me tocó pasar al siguiente año, mi mamá notó que los docentes no querían aceptarme y como que entre ellos se peloteaban, decían: “Tenla tú, tenla tú”, entonces mi mamá al darse cuenta de su poca disposición me retiró.

Luego pasé a un colegio de básica especial, pero ahí, por ejemplo, me querían mandar al segundo piso y yo uso silla de ruedas, entonces eso tampoco le gustó a mi mamá, le dio miedo que me pase algo. Y, además, la directora de esa escuela nos decía que como yo podía hablar, debía ir a otro colegio.

También me salí y buscamos otros colegios, pero ya no me querían aceptar porque había pasado el tiempo y me decían que por mi edad no me iban a admitir. Después ya no buscamos más, mi mamá se descuidó un poco de todo eso, y yo me deprimí con tantas cosas que pasaron.

 

¿Y alguna vez intentaste entrar a una escuela básica alternativa para adolescentes y jóvenes?

En el 2015 fui a un colegio acelerado, pero solo estuve un año porque la profesora no tenía paciencia conmigo. Recuerdo que un día vio que estaba haciendo mal un ejercicio de matemáticas, entonces me jaló el cuaderno, y me dijo “¡así no!”, y ella se puso a hacer el ejercicio por mí y nunca me explicó cómo hacerlo. Por eso yo decidí salirme, porque sentí que no me tomaban importancia ni me entendían.

 

Por lo que me cuentas ninguno de estos centros educativos te ofreció adaptaciones.

Nunca, y yo tampoco sabía que podía solicitarlas. Es más, muchas veces cuando fui a psicólogos o a doctores para hacer terapias, me decían que yo debía ser realista, que no iba a poder estudiar.

Ahora último me contacté con organizaciones que me dijeron que yo tenía derecho a la educación, entonces retomé mi búsqueda y también fue complicado. Ni Conadis ni las UGEL me daban información clara, y yo llamaba a colegios y me seguían poniendo peros. Recién este año he encontrado una escuela.

Así que ahora estoy estudiando desde marzo en un Centro de Básica Alternativa. Las personas de las organizaciones también me orientaron y ahora sé que puedo pedir que me expliquen más despacio las tareas, que tengan paciencia conmigo porque me demoro en la escritura.

 

¿Consideras que la virtualidad ha ayudado a las personas con discapacidad a incluirse en una escuela?

Sí, aporta mucho, porque el transporte es difícil. Las calles a veces ni siquiera tienen rampas y a un bus yo no puedo subir y si salgo debo tomar taxi. Por eso en parte me conviene más lo virtual, pero también me gustaría ir a lo presencial para interactuar con personas porque yo así nomás no salgo.

 

¿Y cómo te sientes en tu nueva escuela?

Ahora me han puesto en segundo grado de primaria y llevo clases virtuales. Como desde el 2015 no estudio, primero me demoraba en agarrar el lápiz, pero ya le estoy cogiendo práctica. Con la profesora me está yendo bien porque comprende que me demoro al escribir y me espera. Recién me he enterado que mi colegio no es acelerado, así que voy a ir viendo cómo me va porque quisiera avanzar más rápido.

 

Qué les dirías a quienes consideran que las personas con discapacidad no pueden estudiar.

Diría que toda persona puede, solamente falta que seamos incluidos. Si nos dan adaptaciones, las personas con discapacidad podemos estudiar.